El Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) emitió la Resolución Nº 1.803 del 7 de noviembre de 2025, que “amplía” la Resolución Nº 29.664 de 5 de octubre de 2017, para prohibir la difusión y utilización de materiales impresos o digitales que se refieran a la “teoría y/o ideología de género”.
Con esta resolución, el Ministerio liderado por Luis Ramírez pretende suprimir la palabra “género” en todos los materiales educativos, cualquiera sea su formato, y limitar la terminología a expresiones como “igualdad entre hombres y mujeres” o “igualdad entre el hombre y la mujer”, reemplazando conceptos como igualdad de género, equidad, enfoque de género o perspectiva de género. Estas decisiones son explícitas y tienen alcance institucional, pues obligan a todas las direcciones departamentales y supervisores del sistema educativo a controlar su cumplimiento.
¿Qué pierde la educación paraguaya con esta medida?
Pierde contenido y profundidad
- Se pierde la posibilidad de abordar la estructura de género como variable clave para entender por qué las mujeres y las niñas enfrentan desigualdades.
- Las y los estudiantes dejan de acceder a vocabularios y conceptos esenciales como perspectiva de género, equidad de género o enfoque de género, fundamentales para su alfabetización en derechos humanos.
Pierde un enfoque educativo transformador
- Si la escuela solo habla de “igualdad entre el hombre y la mujer”, el análisis se limita a comparar individuos, sin cuestionar las dinámicas de poder ni los estereotipos sociales.
- Se debilita el rol de la educación como motor de transformación social: la escuela deja de ser un espacio de pensamiento crítico e inclusión, y se convierte en un canal de reproducción de desigualdades.
- Esta medida crea un desajuste entre las políticas nacionales e internacionales de igualdad que Paraguay ha suscrito los últimos 50 años y la práctica educativa.
Pierde la oportunidad de prevenir violencias y discriminaciones
- La educación con enfoque de género previene la violencia, promueve relaciones igualitarias y combate estereotipos.
- Su eliminación debilita la prevención del acoso, el abuso y la discriminación, sobre todo hacia mujeres y niñas.
- En un país donde la violencia de género sigue siendo un problema grave, esta medida significa un retroceso en materia de protección.
Pierde conciencia de derechos
- La palabra “género” nació de profundos debates teóricos y sociales para visibilizar desigualdades históricas. Su supresión tiene un impacto simbólico y político: se invisibiliza la desigualdad de género que aún persiste y se normaliza -aún más- el silencio que comenzó a gestarse en 2017 con la denominada Resolución Riera, que debió haber sido derogada.
Con la eliminación del término «género» lo que se pierde no es solo una palabra, sino una herramienta para comprender la desigualdad. La educación paraguaya pierde:
- Lenguaje para nombrar la desigualdad.
- Capacidad para prevenir la violencia y la discriminación.
- Puentes con la ciencia y los derechos humanos.
- Autonomía pedagógica y libertad académica.
- Democracia educativa y pensamiento crítico.
Esta resolución representa una involución más en materia de derechos humanos y educación democrática, contraria a los principios constitucionales de igualdad, libertad y pluralismo.
¿Por qué importa el término “género”?
Desde la perspectiva de los derechos humanos y la igualdad de género, el término “género” cumple funciones esenciales:
- Permite analizar no solo diferencias biológicas, sino dinámicas sociales, culturales y estructurales que determinan roles, expectativas, discriminaciones, violencias y oportunidades desiguales entre las personas.
- Reconoce la relación con otras categorías de desigualdad —como etnia, clase social, ruralidad o discapacidad, etc.— y visibiliza los sistemas de discriminación y privilegio que las atraviesan.
- Facilita un enfoque de derechos humanos en la educación, para que la escuela no sólo transmita contenidos académicos, sino que también forme ciudadanía crítica, democrática e igualitaria.
En un país como Paraguay, donde persisten amplias brechas de género en el acceso al trabajo, la participación política, el tiempo destinado al cuidado y la violencia hacia las mujeres y la infancia, por citar algunos de los ámbitos más preocupantes, incorporar la perspectiva de género es indispensable para que la educación sea transformadora y no reproductora de desigualdades.
Que quede claro: No olvidamos y no dejaremos pasar
Con la resolución Riera pretendieron silenciar voces, y no lo consiguieron.
Con la resolución Riera-Ramírez siguen con el mismo afán.
No lo hemos permitido. No lo vamos a permitir.
¿Qué podemos hacer para evitar un mayor daño?
Son momentos clave. Ni desde la Academia ni desde los sectores políticos democráticos, ni desde la Sociedad Civil podemos permanecer en silencio ante este retroceso. Debemos responder con acciones concretas. Algunas de ellas, a las que invitamos a trabajar juntos y juntas, son las siguientes:
- Promover formación docente continua, para que la perspectiva de género siga viva en las aulas, incluso si los materiales oficiales la omiten.
- Desarrollar materiales complementarios con perspectiva de género y basados en los derechos humanos.
- Incidir en el debate público, visibilizando que esto no es un asunto terminológico, sino una cuestión de calidad educativa, igualdad y derechos.
- Documentar buenas prácticas de educación con enfoque de género en Paraguay y evidenciar su impacto positivo.
- Generar espacios de diálogo y reflexión con docentes, familias y estudiantes sobre lo que se está perdiendo y lo que se necesita para avanzar.
Reafirmamos:
La educación integral no puede existir sin perspectiva de género, porque sólo al reconocer las desigualdades podremos construir relaciones más justas y sociedades más libres.
Defender la palabra “género” es defender el derecho de las niñas, los niños y adolescentes a una educación que los eduque en igualdad, libertad y respeto.
